HOMBRES AL ATARDECER DE CADA DÍA

 19·10·2018      Igualdad

Ser hombre no es un mandato ni una simple consecuencia.

 

Ser hombre no puede ser lo que hoy somos los hombres, del mismo modo que el camino hasta hoy no debe ser entendido como la ruta acertada de la identidad masculina. En algún momento tuvo que haber un error o un engaño, de lo contrario esa masculinidad dominante y autoritaria, competitiva y violenta, distante y rígida, siempre acrítica y determinista que identifica a los hombres sería una decisión voluntaria.

 

Y lo terrible es comprobar que es así, que diez mil años de patriarcado no pueden ser un error o un engaño. Eso es lo triste, comprobar que los hombres somos lo que los hombres hemos decido ser a través de una identidad que excluía a las mujeres, y a otros muchos hombres que no cumplían con el modelo impuesto de masculinidad. Por eso tampoco es un error ver que aún en nuestros días hay hombres que buscan una salida en el regreso al pasado, en lugar de abrir las puertas al futuro en Igualdad.

 

Todo forma parte de la trampa del machismo que convierte a identidad en rehén de la historia y a la historia en prisionera del tiempo, para que sean los años los que den la razón a quienes sólo buscan mantener la injusticia de un poder repleto de privilegios alcanzados sobre la negación de los derechos de las mujeres.

 

Hoy es el momento de acabar con esa historia, con ese tiempo perpetuado como se estiran los años hasta la eternidad cuando interesa.

 

Las mujeres han cambiado con todo y con todos en contra, lo han hecho en las circunstancias mas difíciles con el objetivo de hacer una sociedad más justa y mejor para ellas, pero también para los hombres. El feminismo ha roto el modelo tradicional al crear un pensamiento disruptor con la historia, pero no con las personas. Los hombres no podemos fallarle ahora al feminismo ni a las mujeres que confían en nuestro cambio para hacer de la Igualdad el espacio común para la convivencia.

 

Y eso exige acción. No existe la neutralidad cuando hablamos de la injusticia de la desigualdad. Si no hacemos algo para acabar con ella, con la discriminación que existe y sufren las mujeres, con la negación de la diversidad y sus identidades; si no actuamos para erradicar el acoso, los abusos y la violencia, estamos haciendo para que continúe.

 

El machismo lo sabe y los machistas no paran de organizar su reacción en cada uno de los espacios de influencia: en el social, en el político, en el económico, en el empresarial, en la violencia… Porque el machismo es poder y su instrumento es la cultura, esa normalidad para que todo sea como tiene que ser, y para que los hombres seamos como siempre hemos sido a través de la negación de las mujeres.

 

Pero “ser hombre” no es “no ser mujer”, como un día nos contaron. Ni tampoco las mujeres son el resultado de lo que a los hombres “nos sobra” o “nos falta”, bajo esa idea de “complementariedad” que hace que todo encaje dentro de la desigualdad. El modelo de persona no puede ser el hombre ni el de sociedad el masculino.

 

Pero si queremos cambiar la cultura y su patriarcado tenemos que cambiar cada uno de nosotros como hombres. Una cultura machista nunca va a cambiar a los hombres, pero los hombres igualitarios sí podemos cambiar la cultura junto con las mujeres feministas, no con el tiempo, sino con acciones. El tiempo siempre es para mañana, las acciones son para hoy.

 

Y para ello los hombres debemos renunciar a los privilegios, salir de la zona de confort de la neutralidad aparente, mandar callar al silencio cómplice, achicar la distancia hasta la realidad y compartir el gran gesto de amor y responsabilidad que, una vez más, han tenido las mujeres con un feminismo que deja atrás diez mil años de patriarcado y mira cada nuevo día en Igualdad.

 

Yo como hombre me comprometo con el feminismo, y trabajaré para que no haya atardecer sin un minuto más de Igualdad.

Miguel Lorente Acosta, septiembre 2018. ©